CXVIII
LAS ENTRAÑAS DE ABISMO OSCURO
Como la lobreguez envolvía las entrañas de Abismo Oscuro, los legionarios fueron muy pasmados porque pensaron que no era día, que era noche, si en algún comedio en el día, la penumbra encauzaba los viajeros porque no les aviniera algund mal. Mas agora penumbra ninguna había, que nuestros héroes creyeron ser ciegos. Por ende, avanzaron a tiento, y lo único que escuchaban eran sus propias respiraciones y el batir de los sus corazones.
Dende a poco sir Siegfried mandó la compaña que ficiera estanco de su marcha, y, a sovoz, dijo:
—Si continuamos andando a oscuras, podríamos nos perder o parar en mal, así que dígote Morkutio que en esta sazón vuestra magia puede salvarnos. ¿Podréis alumbrar el camino?
—A fe —respondió el mago—, que mi Agernerom puede.
—Ahora es cuando lo necesitamos —dijo sir Arkivahl.
El mago cerró los ojos, alzó la vara y ni tardo ni perezoso estas palabras pronunció:
—¡Luhr radiantikus!
Vibró el cristal de Agernerom. Y de pronto una espera de luz, palpitante y hermosa, remontó lentamente por cima de los compañeros. Creció y creció hasta los guarecer dentro de una cúpula platinada. La albura comenzó de romper la tenebrosidad.
El cielo raso, escuro a la sazón, podía admirarse; las paredes de roca hendida arqueaban hasta donde abarcara la vista, y, sobre una franja de bruma, colgaban hileras de carámbanos que semejaban lágrimas gélidas.
Morkutio dijo:
—Agernerom ha traído luz a la obscuridad.
Merced al bastón de Morkutio pudieron columbrar los pasajes de Abismo Oscuro. Apretaron, pues, el paso sin saber qué lances los esperaban más adelante. Tirando al noroeste llegaron a una cava la mar de espaciosa. El olor a orín y humedad trascendía en el ambiente. Los hilos de agua escurrían por las brechas del techo y los lienzos. Las colonias de hongos habían arraigado en los rincones do ahondábase la tierra; algunos sombreretes eran de colores y otros rutilaban a la penumbra. A uno y otro cabo del sendero por que andaban los legionarios, el suelo ge fundía abruptamente haciéndose escarpado; un río subterráneo remansaba en lo hondo, la neblina se posaba a flor de agua y unos picos robustos se levantaban como torreones hacia el cielo raso.
De vez en cuando la compañía echaba un vistazo al ahondamiento que habéis oído. Más adelante fue mester que se refrenasen, esto porque una cárcava cortaba el camino; sir Siegfried se legó a la linde y reparó en cuán honda y cuán dilatada era. Y su sobrino y el mago acudieron a él para preguntalle qué harían, a lo cual Siegfried respondió que de un salto la salvarían por no estar tan ancha. Y así lo ficieron ellos, que cogiendo vuelo saltaron para alcanzar el otro cabo. Luego, se toparon con una vena de agua que, serpeando entre estalagmitas, bajaba de súbito por una pendiente y se perdía en una brecha del sudoeste.
—La roca es fría aquí dentro —advirtió Morkutio.
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on viernes, 6 de febrero de 2009
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El Autor
- V.R. Merox
- Mis pasiones: Filología, pintura, filosofía, ciencia, biología, arquitectura, política, pulp, spaghetti western, literatura, cine, arte, música, mitología griega, celta, escandinava, persa, romana, lectura y poesía.

