A mis profesores de Literatura  

Posted by V.R. Merox

Hoy, a pesar de haberme tomado el día libre tras tanto esfuerzo, quiero dedicar una entrada a los grandes profesores de Literatura que tuve a lo largo de mi carrera escolar. Había estado pensando durante toda la tarde en escribir acerca del tema, y curiosamente, mientras platicaba con un amigo que estimo mucho, el nombre de uno de mis antiguos profesores salió a la luz. Fue un plácido momento rememorar a aquel ser humano que despertó en mí la pasión por las letras: Carlos Domingo González, el director y también profesor de la secundaria en la que estuve.
Gracias a sus clases aprendí a adentrarme en lo sublime del mundo metafórico y en la belleza literaria que, hasta hoy en día, sigo puliendo para alcanzar una narrativa que haga soñar y vivir a los lectores dentro de la tinta del papel; además, fue en ese tiempo que me enamoré del Romanticismo de Byron y Bécquer, de la fuerza poética de Nervo y de los sublimes versos de Neruda, que me sirvieron para convertirme en uno más de los olvidados poetas de este mundo material, belicoso e injusto.
Le estaré eternamente agradecido a Carlos, así como también a la profesora Gaby Clemente, una mujer maravillosa que con su saber dejó en mí una base sólida de expresión oral, redacción y metodología de la investigación. Asimismo, a la maestra Gloria Xoca y a Patricia Rodríguez, entre muchos otros.
Debo decirles que, aun cuando siempre fui un alumno ejemplar y un tanto brillante, fue muy difícil encontrar mi camino en esta vida, y también que hubo momentos de dudas y de cuitas; empero, al tiempo que mi pasión por la Literatura volvió, logré salir adelante y a partir de ese día todo cambió. Ahora, a mis 29 años me siento realmente pleno y con la capacidad y madurez de llevar mi genio hasta el límite, y sé que lo haré, porque estoy más fuerte que nunca.
Hace un par de años, y después que me decidí a seguir los pasos de mi tío Mauricio González de la Garza (QEPD), tomé la rotunda decisión de luchar por mis sueños, de soñar viviendo mientras escribo y de conquistar en un futuro la máxima presea que un escritor puede anhelar, creo que todos saben a cuál me refiero.
Me falta mucho por aprender y un largo camino por andar; sin embargo, jamás dejo de pensar en mis objetivos, y sé que mientras siga esforzándome y trabajando duro como hasta ahora lo he hecho, algún día me diré a mí mismo: no lo hubiera logrado sin las enseñanzas de mis maestros.

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