XXXIX
LOS ESPEJOS DEL MÁS ALLÁ
El legionario, laso, dejóse llevar de la mano por la bella musa de la floresta. Estaba arrobado. Había caído rendido a los pies de tal hermosura. Durante el trecho, sentía que los árboles le miraban y que todo daba vueltas en torno a él.
Pero ¿quién era la musa y qué hacía sola en las entrañas del Bosque de la Perdición? Ya lo oiréis más adelante. Siguieron andando. De tiempo en tiempo ella le sonreía, y sus bezos carnosos enseñaban las perlas relucientes que ocultaban debajo. Parecía un sueño, un sueño del que sir Arkivahl no quería despertar. Luego, estancaron su caminata y él la contempló y le preguntó:
—¿A do me lleváis, buena doncella? ¿Quién sois?
—Soy Ylnengrel Eggënsil y me placería mucho que vinieses comigo —respondió ella—. Habéis de saber, caballero de cabellera dorada, que he estado esperándoos todo este tiempo.
—¿A mí? —inquirió sir Arkivahl—. ¿Y por qué?
—Chist —susurró la doncella pegando un dedo a sus labios—. No preguntes más, solo ven. Dime, ¿cuál es tu nombre?
—Arkivahl Degaudart —repondió él. Y la damisela sonrió.
Reanudaron, pues, la marcha.
Llegando al mausoleo, subieron por las escalinatas y la doncella abrió la verja enmarañada de hiedra. Entraron. Cató sir Arkivahl los alrededores. En los muros destacaban, dispuestos de alto a bajo y por entremedias de las columnas adosadas, lóbregos nichos que bien podrían albergar los restos de rancios soldados o reyes, o quizás de creaturas indómitas o seres de ultratumba.
En todo caso los huesos estaban cariados, y tras ellos, en la oscuridad, titilaban muchos puntos rojos; de par en par, moviéndose entre las sombras como luces trémulas. Eran los ojos de las ratas que, percibiendo los pasos de los visitantes, abandonaban sus escondrijos despavoridas, caían al suelo y por él se escurrían buscando algún recoveco en que ocultarse.
Había tumbas empolvadas, y asentadas sobre ellas las estatuas de unas bestias alígeras con las garras echadas hacia delante. En las rinconadas los esqueletos habían hecho mansión, envueltos en telarañas y aprisionados por grillos; en el cuello, en las muñecas y en las gargantas de los pies. Las antorchas crepitaban hincadas en las paredes de los pasillos. De cuando en cuando la silueta de la doncella, proyectada en los lienzos bañados de la luz tenue, demudaba horriblemente en una creatura encorvada y a la vez cuellierguida de largas manos uñadas, mas dende a poco tornaba a la grácil y lozana figura de antes. Tal vez solo era una fantasmagoría propia de tan siniestro lugar, o tal vez no...
—Daos priesa, caballero buen mozo —dijo Ylnengrel.
A sir Arkivahl se le quebraban los ojos.
—¿En dónde estamos? —preguntó él desconcertado.
—Guarda silencio —susurró Ylnengrel palpándole los labios.
Descendieron por unos escalones, franquearon una bóveda de cañón y tomaron el ala oeste para dar con un pasaje ancho. El suelo estaba cubierto de polvo. En cada muro una carrera de arcosolios se extendía hacia la puerta del fondo, flanqueada por dos columnas levantadas a base de un mampuesto de cráneos y huesos.
Cruzándola, entraron en la Bóveda de los Espejos. En redor de la planta había seis pilares sustentando la bóveda de crucería simple, y, empotrados entremedio de cada pilar, dos espejos cornucopia con dos brazos en que se afirmaban el mismo número de bujías. La luz reverberaba en el azogue de los cristales. En los marcos engastados con carbunclos, zafiros y diamantes, sobresalía la faz de la doncella que sir Arkivahl viera grabada en la losa al salvar la sima.
Ylnengrel, ya en cabellos, danzaba y hacía piruetas alrededor del legionario, quien, gozoso, giraba sobre sí mismo para no perderse sus movimientos. Cuando hubo cesado de danzar, la damisela se llegó a un espejo, rió dulcemente y pasóse la mano por la melena. Se volvió, echóle una caída de ojos al mancebo y cerneando el cuerpo se fue arrimar a él. Le tomó de las manos y lo llevó a un lecho de piedra. En esta sazón ella pidióle que se recostase.
—Contempla mi belleza, ¿acaso no soy hermosa?
—Sí que lo eres.
Ella yació de canto cabe él, y jugando su cabellera lo besó con vehemencia. En este comedio el fulgor de Vihu rompió el encantamiento que sometía a su portador, el cual, incorporándose, hizo a un lado a la doncella y miróse en un espejo de lueñe. Tornó en sí; sin embargo, Ylnengrel le acarició la mejilla y asiéndole la mano le dijo:
—Descansa, amado mío. No temas, ven, bésame.
Y sir Arkivahl cedió a la pasión. Tornaron a besarse e él la atenazó entre sus brazos mientras ella le sobaba el cuerpo. Tendido el uno e montada en él la otra, siguieron se besando. Estonces Ylnengrel despojóse de la su blusa y tomó las manos del caballero llevándolas a sus pechos, y él los manoseó con harto placer. Echándose la vedeja a la espalda y gimiendo, la doncella clavó la mirada en un espejo, el cual, de repente cubrióse de vaho.
El medallón continuó chispeando. Sir Arkivahl volvió en sí y asestó la mirada hacia donde Ylnengrel; mas como el vaho velaba el cristal, no alcanzó a veer nada, e aguardó que se disipara, e cuando así fue, vio en el espejo cosas propias de un sueño quimérico, y, por tanto, puso los ojos en la damisela, que ya no era damisela sino una figura espectral salida de ultratumba. Los luceros en ante aceitunados y asaz bellos, agora se tornaban albos y luego negros como las tinieblas. Se ajó ella tanto que sus bezos ya no hubieron la suculencia y dulzura de antes. Las llagas hirieron su piel blanca, la cual helóse como la de un cadáver. Tres colmillos afilados le nacieron en las encías del agujero que ahora tenía por boca. Su cuerpo tembleteó sin cesar. Los quejidos repercutieron en la bóveda. Las guedejas de la doncella, canas por lo mucho desvaídas, flamearon al aire. Y ella tornó a cubrirse el pecho y se agazapó en el del caballero para que no la viese.
—Ayúdame... —susurró ella, y desmontando de él abandonó el lecho y retrocedió con flema.
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on viernes, 5 de diciembre de 2008
at viernes, diciembre 05, 2008
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¿Crees que, faltando 26 capítulos por editar, alcanzaré las 2000 páginas para el 7 de noviembre cuando me faltan solo 167?
El Autor
- V.R. Merox
- Mis pasiones: Filología, pintura, filosofía, ciencia, biología, arquitectura, política, pulp, spaghetti western, literatura, cine, arte, música, mitología griega, celta, escandinava, persa, romana, lectura y poesía.

